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Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 24

de enero de 2020

ALFABETIZAR PARA INCLUIR

A los 80 años aprenden a leer y escribir

En los cerros El Pino y San Cosme, espacios icónicos de la migración provinciana del siglo XX, el programa Pensión 65 ha iniciado una campaña de alfabetización de los adultos mayores para fortalecer sus capacidades en lectoescritura.

13/12/2019


“Estoy haciendo la ‘a’, la ‘b’ y la ‘c’. Ya estoy escribiendo palabras: ‘cariño’, ‘mayo’… Me siento contenta con mis amigos en la escuela. Ahora sacaré mi DNI y cambiaré mi grado de instrucción. Ya no soy analfabeta”.

Teodosia Acosta Sánchez tiene 80 años de edad, es usuaria del Programa Nacional de Asistencia Solidaria - Pensión 65, vive en el cerro San Cosme, en La Victoria, y desde que asiste al “salón de alfabetización”, habilitado en el polideportivo San Cosme, de la municipalidad de La Victoria, siente que su vida ha cambiado, y mucho.



–Quedé huérfana desde muy niña y por eso tuve que trabajar como empleada. Vivía con mi tía, pero ella no me envió a estudiar.

Siempre quiso estudiar, pero Teodosia no tenía cómo solventar ese gasto. Entonces se dedicó a lavar para sostener a sus tres hijos y hacerlos estudiar. “Sí, como sea los hice estudiar. A mis hijos y a mis nietos”, subraya con emoción.

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Para el desarrollo de las clases de alfabetización se han formado dos grupos focales; el primero en el polideportivo San Cosme, donde se dictan las clases los días martes y jueves, de dos a cuatro de la tarde. Y el segundo, en el Centro de Apoyo de Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional del Perú, ubicado en el vecino cerro El Pino, donde reciben también los martes y jueves y en el mismo horario.

Todos los espacios son válidos para estudiar. En el Puesto de Respuesta Inmediata (PRI) de la PNP, en El Pino, aprenden sus primeras letras un grupo de usuarios de Pensión 65. Ellos han iniciado su preparación en el Programa de Alfabetización a cargo del Centro de Educación Básica Alternativa (CEBA) del Ministerio de Educación.



Además, aprenden del Programa de Alfabetización con el Uso de la Tecnología, el cual les da una enseñanza gratuita y didáctica de la lectura, escritura y dominio de las cuatro operaciones aritméticas, por medio de tabletas donde se ha instalado el aplicativo de aprendizaje Dispurse Focus.

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Cirila Guisado Elguera ya superó el medio siglo viviendo en La Victoria. También es usuaria de Pensión 65, y pese a sus 81 años se da tiempo para asistir, con muchas ganas, a la escuela.

Iqueña de nacimiento, sus padres no la hicieron estudiar porque ellos también eran analfabetos. Su orfandad a temprana edad también la obligó a trabajar como empleada.



“Tengo ocho hijos y ellos sí estudiaron. Yo también quiero estudiar y aprender. Antes no conocía ninguna letra. Me he sentido avergonzada por no saber leer ni escribir, pero ahora no. Agradezco a los profesores, porque ahora ya conozco los números y puedo sacar la cuenta. Ya no me pueden engañar porque ya sé un poco más. Puedo costear mis gastos, especialmente para las medicinas que debo comprar”, dice.

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El analfabetismo no es solo una limitación, sino una barrera sociocultural que impide la plena realización e integración social de las personas, agudiza la vulnerabilidad de los adultos mayores, pues dificulta el conocimiento de sus derechos, incrementa su marginación y, por ende, afecta su autoestima.

El objetivo principal del programa de alfabetización de Pensión 65 es mejorar la calidad de vida de sus usuarios, fortaleciendo sus capacidades de lectoescritura, mejorando su calidad de vida con miras a conseguir su inclusión social.

La intención del programa nacional es comprometer a las autoridades locales para continuar articulando acciones de protección social y revaloración en beneficio de esta población vulnerable, como Isaac Huiza, de 78 años. Él vive en Canto Grande, San Juan de Lurigancho, pero desde hace cuatro años asiste a clases al local del cerro El Pino.

“No tengo primaria, y no estudié porque no había un colegio cerca de casa”, cuenta don Isaac, quien vivió en la comunidad de Aracachi, a las afueras de Zepita, Puno. Tiene 79 años, 7 hijos y 20 nietos, pero a diferencia suya, todos ellos sí estudiaron.

Con el programa de alfabetización también se rescatan otras historias, las de los voluntarios, como Luis Eduardo Ramírez, un estudiante de ingeniería de sistemas de Telesup, quien alfabetiza por medio de las tabletas.

“Es conmovedor ver cómo aprenden con las tabletas; ahí realizan sus operaciones. Empiezan con las vocales, consonantes, mayúsculas y minúsculas”, cuenta.

Hay un conjunto de aliados. El técnico PNP Juan Yataco Alicama, del Centro de Apoyo de Seguridad Ciudadana en el cerro El Pino, donde funciona desde agosto el centro de educación Madre Teresa de Calcuta, es quien facilita y promueve el uso de las tabletas entre los adultos mayores.

Pero tampoco podrían avanzar sin la enseñanza tradicional, de pizarra y cuadernos. De eso se encarga el profesor Tito Aquino, otro voluntario con muchas ganas de enseñar. “Ellos tienen todas las ganas de estudiar; de la mejor manera realizan oraciones y crucigramas. Ellos son como niños. Finalmente, realizan párrafos pequeños”, cuenta.

808 usuarios de Pensión 65 están en el programa de alfabetización.