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Año del diálogo y la reconciliación nacional
MARTES 19

de junio de 2018

ACCIÓN DESDE EL AULA

Los chicos vs. bullying

Un grupo de escolares del colegio Fe y Alegría 26, en Bayóvar, San Juan de Lurigancho, han encontrado en el teatro a un gran aliado para hablar sobre lo que puede ocasionar el bullying en sus vidas. Aspiran a que el modelo trascienda el patio del colegio y llegue a la comunidad.

7/6/2018


José Vadillo Vilajvadillo@editoraperu.com.pe

José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

1. 

“Yo fui víctima del bullying desde primaria. Y hasta ahorita lo soy”. YM tiene 15 años y ya intentó tres veces quitarse la vida. Era propensa a agarrar una hoja de afeitar e infligirse pequeños cortes cuando era una niña de primero de secundaria. Buscaba, como dicen los psicólogos, reemplazar el dolor emocional por el físico. Fue al psicólogo por más de 36 meses porque en la Institución Educativa N° 116 Abraham Valdelomar –a la que sigue asistiendo, pero ahora en un salón y turno distintos– siempre la insultaban. Le quitaban las cosas. Le robaban. Esas cosas que algunos celebran como bromas. Es tan fácil hacer sentir poca cosa a una persona. 

“Siempre me han señalado”, dice YM. Se refiere a ellos, ellas, la mayoría de los compañeros de su antiguo salón. Le decían gorda, fea. Empezaron con el bullying psicológico y terminaron con el bullying físico. YM se cambió de colegio y el bullying se volvió cibernético. Regresó a su colegio, pero en otro turno. En casa, sus padres son separados y no hacen esfuerzos para escucharla.

“Hasta el día de hoy, en los baños de mujeres está mi nombre”, les contó a A y K, dos chicas de su edad que llegaron este año a su colegio para dictar charlas. Ellas preguntaron si habían sido víctimas de algún tipo de bullying y YM levantó la mano y les contó su caso. Lloró.

Ahora, YM está aprendiendo a quererse a sí misma. Practica tres veces por semana danzas folclóricas. Ha ganado una beca estatal Mi Vocación Técnica, y este año, además de concluir sus estudios en el colegio, obtendrá un cartón del Tecsup. Su futuro es prometedor.

2. 

El colegio Fe y Alegría número 26 (FyA) queda en Arriba Perú, Bayóvar, en San Juan de Lurigancho. Tiene 1,450 alumnos y algunos vienen de hogares con mucha violencia doméstica, con consumo de drogas, alcohol y con ausencia de padres. Familias que viven hacinadas en casas ubicadas en las faldas de los cerros que carecen de servicios básicos.

“Los padres son pequeños empresarios que salen muy temprano de casa y llegan muy tarde. Los chicos inventan pretextos para quedarse en el colegio porque están solos”, dice la directora del FyA 26, Gaby Bravo.

Hace tres años llegó el proyecto Recrear la Convivencia Escolar, de la oenegé América Solidaria. El psicólogo colombiano Diego Gallo es uno de los cuatro voluntarios de esta iniciativa que trabajan en este plantel. Identificaron que había chicos acosados por otros escolares, que parte del acoso se daba en las aulas; los molestaban porque no cumplían con un estereotipo, les ponían sobrenombres o resaltaban sus características.

Decidieron, junto con el colegio, trabajar en la formación de identidad con 850 alumnos de quinto de primaria al quinto de secundaria, niños de 10 a 16 años. Los jueves y viernes, alrededor de 150 escolares participan de los talleres sobre autoestima, trabajo en equipo, gestión emocional, todo por medio del teatro y del claun, que permitió a los chicos sentirse seguros y contar los problemas que había en sus casas y el colegio.

La profesora Vilma Paredes, tutora del 5° C, dice que gracias al apoyo de los profesionales voluntarios, en las sesiones se trabajan temas específicos, como agresión o bullying, entre otros.

América Solidaria coordina con los padres de familia, los docentes y la comunidad. Ahora busca organizaciones en Arriba Perú para que se repita el proyecto.

3. 

Los alumnos arman su propia dramaturgia en un teatro comunitario. El año pasado estrenaron una obra que estremeció a sus compañeros y a los padres de familia: una chica que era “buleada” en el colegio y que no era escuchada, finalmente, decide quitarse la vida.

A y K estudian el quinto de secundaria y son alumnas líderes. Ellas dirigen el proyecto Rompiendo Estereotipos, con el que participarán en el Premio América Solidaria.

A tiene la autoestima alta pero a K la molestaban por su aspecto físico y el teatro claun le ayudó a dejar de lado la timidez. A escribió una obra en la que se ve cómo un chico que es maltratado por su origen andino se convierte en un líder malo. Y otra historia que se enfoca en el bullying homofóbico. “No hay epílogo en estas historias, para que el espectador saque sus conclusiones. Son temas que no solo se ven en la escuela, sino también en nuestra sociedad”, dice.

Con el proyecto Rompiendo Estereotipos, A y K tocaron las puertas de la institución educativa Valdelomar para hablar del bullying con sus coetáneos. Pusieron ejemplos, como llamar machonas a las chicas que juegan fútbol o gay al chico que tiene inclinaciones artísticas. “Hay mucho machismo y muchos padres disminuyen la autoestima de sus hijas diciéndoles que para qué estudian si solo serán amas de casa”. La lucha recién se inicia.