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VIERNES 24

de enero de 2020

REFLEXIONES

La música maltratada

13/12/2019


Manuel Arboccó de los Heros

Psicólogo y educador

Basta escuchar en las emisoras radiales orientadas a públicos juveniles las canciones más solicitadas y de moda para darnos cuenta de que se viene empobreciendo la calidad de las letras, en la propuesta musical actual. 

Las canciones populares juveniles tienen unas letras paupérrimas, plagadas de esa mezcla amorfa llamada “spanglish” que ni es español ni inglés y que, además de deformar ya nuestro léxico, se emplea para transmitir mensajes sexistas y prejuiciosos, así como intrascendentes.

No es casualidad que el vocabulario de muchos jovencitos sea muy deficiente y esté muy por debajo de sus pares de otros países (sumémosle el hecho de que muchos de ellos tampoco leen con asiduidad); tampoco es insignificante la influencia de estos ritmos y letras en las formas de conducirse en sus relaciones de pareja, cuando muchos de esos temas solo hablan del sexo como un mero trámite físico, sin mayor consideración por el otro ni compromiso alguno (pensemos en estribillos como “felices los cuatro”, “contra la pared”, “tengo la casa sola”.

Roger Waters integrante de la legendaria Pink Floyd, decía en una entrevista: “La impresión que tengo es que el impulso principal de muchos de los que se hacen llamar artistas es completamente narcisista y orientado al consumo. La música actual es vano narcisismo”. Camilo Sesto, cantautor español, fallecido hace poco, sostuvo en el 2018: “Ahora ponen una canción y ya no la escuchan más; la música de ahora, con perdón, es una mierda”.

Por nuestra edad, comparamos las propuestas de hoy con los temas musicales de gente como Silvio Rodríguez, Piero, León Gieco, Mercedes Sosa, Joaquín Sabina, por citar solo algunos, y vemos un empobrecimiento galopante, pero reforzado por una industria musical que prioriza el hit y la cantidad a la calidad y la belleza.

Charly García, legendario músico argentino, señalaba lo siguiente: “Estoy un poco aburrido de la música de hoy. No tiene armonía, melodía y ritmo”. Seguidamente precisaba: “Ahora los discos se hacen como en una oficina (como quien teclea). Sacan la batería de aquí, sacan lo otro de acá. Por ahí soy un tradicionalista, pero para mí la música es melodía, armonía y ritmo; y lo que hay ahora es solo ritmo, le falta lo demás”. 

García afirma que también hay “corrupción musical”, pues “el tipo que decide hacer música porque es lindo o baila bien pero no sabe nada de música, corrompe”. La música es una gloria, nos dice, pero para el músico argentino, no escuchamos música, hoy escuchamos basura.

Hoy, rockeros se pasan al bando de la cumbia y salseros lo hacen al reggaetón. Todo según lo señale el mercado. Caso contrario, el riesgo de desaparecer suele ser alto. Y lo importante no es hacer una muy buena música, ni siquiera la música propia, sino la que te mantenga en los medios, la que te dé vigencia, es decir, la que el mercado pueda publicitar. Y esto mismo suele pasar no solo con la música, sino también con el cine, la pintura y la literatura.




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