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APROXIMACIONES

Feminicidios: ¿más violencia o más crueldad?

De acuerdo con la Defensoría del Pueblo, cada tres días una mujer muere víctima de feminicidio. En el 2018, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (Mimp) reportó 149 víctimas de este crimen, lo que significó un 23% de incremento de casos en comparación con el año anterior. En lo que va de este año, se han registrado alrededor de 85 feminicidios.

11/7/2019


Liz Meléndez

Socióloga y feminista

La primera reacción frente a estas cifras es, naturalmente, afirmar que la violencia contra las mujeres se está incrementando. No obstante, la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (Endes 2018) del INEI reporta, en su último informe, que el 63.2% de mujeres alguna vez en su vida han sufrido violencia de su pareja o expareja. Aunque esta cifra aún es bastante alta, si la comparamos con la del 2009 encontraremos que la prevalencia de la violencia ha disminuido en 13.7 puntos porcentuales en los últimos 10 años.

Si bien es cierto que cuando hablamos de violencia contra las mujeres nos referimos no solo a la que ocurre en relaciones de pareja, en el país el feminicidio íntimo es el que representa un mayor porcentaje. Entonces, ¿a qué responde que, a la par que se incrementan los asesinatos de mujeres por razones de género, las estadísticas señalan que la prevalencia de la violencia ha disminuido? ¿Se ha incrementado la violencia contra las mujeres o es que hay una mayor crueldad en las agresiones y, por lo tanto, estas resultan más letales?

En los cientos de casos que se registran en los últimos años se puede leer un especial ensañamiento con las víctimas; las agresiones están dirigidas a provocar sufrimiento y puede leerse en ellas grandes niveles de crueldad. Por tanto, tal vez no es tan preciso afirmar que la violencia contra las mujeres se ha incrementado, sino que se ha transformado, y hoy es más cruel, con gran ensañamiento y visceralidad y, por lo tanto, mucho más letal.

Rita Segato, una de las teóricas feministas más importantes de los últimos años, habla de la pedagogía de crueldad y nos invita a reflexionar sobre la violencia contra las mujeres y los feminicidios como crímenes que comunican poder.

La violencia feminicida se constituye así en un medio de sanción hacia las mujeres y la crueldad en una estrategia para reproducir el miedo, para reapropiarse de los cuerpos, exhibiéndose un sistema de poder que se afirma una y otra vez.

Tal vez es tiempo de complicar la mirada, ser conscientes de las resistencias que levanta la afirmación de los derechos de las mujeres en sociedades profundamente patriarcales como la nuestra; no para retroceder en el camino avanzado sino para exigirle al Estado que asuma su deber de prevención y priorice un cambio cultural que contribuya a modificar las relaciones de poder entre los géneros, que oriente sus acciones a refundar el pacto social y a humanizar nuestras sociedades afianzando el principio de igualdad.