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Año de la Universalización de la Salud
JUEVES 27

de febrero de 2020

APROXIMACIONES

El suicidio y las políticas de salud mental

La prevención del suicidio es una de las tareas centrales en la agenda de salud a escala mundial, pero casi nadie habla de la atención que requieren las personas cercanas a quienes se suicidan. El último informe mundial del 2016 de la OMS arroja que 65,000 personas mueren cada año por esta causa en América Latina. Y por cada persona que se suicida, un promedio de otras cuatro se ven psicológicamente afectadas.

23/1/2020


Sandra Pinasco E.

Directora del Departamento de Humanidades de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya

En medio de los debates públicos originados por la competencia entre candidatos al Congreso de la República, la necesidad de políticas públicas en relación con la salud mental se menciona cada vez con mayor frecuencia. En mayo del año pasado se promulgó en el Perú la Ley de Salud Mental, que aborda aspectos centrales como la prevención, la disponibilidad de medicamentos y las medidas en casos de tratamiento por internamiento; sin embargo, más allá de la necesidad de campañas de prevención, el suicidio no es mencionado directamente.

En contextos más desarrollados, abundan las investigaciones acerca del impacto que puede generar la pérdida de alguien cercano tras un suicidio. A partir de ellas, se ha concluido que esta pérdida genera en el sobreviviente los mismos síntomas que el trastorno de estrés postraumático que experimenta alguien que ha atravesado una vivencia traumática extrema. Este síndrome está considerado en el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales de la American Psychiatric Association y requiere atención profesional.

De hecho, en los manuales de psicoterapia del duelo se habla de los sobrevivientes de un suicidio como un tipo de duelo complejo, equivalente al de quienes pierden a alguien cercano por un accidente, un asesinato o una sobredosis de drogas. En todos estos casos, el sobreviviente no entiende la razón de la muerte de su ser querido y esa falta de coherencia vuelve el trabajo de duelo una tarea más larga y compleja.

Considerando entonces que quienes atraviesan un duelo patológico sufren también una enfermedad mental y se encuentran en riesgo, la prevención del suicidio no solo debe incluir a las potenciales víctimas, sino a los sobrevivientes que atraviesan una crisis de duelo, que podría derivar en un suicidio por imitación o contagio.

En este panorama, los centros educativos son los primeros responsables de llevar a cabo la labor de prevención. Colegios, institutos y universidades deben convertirse en espacios de diálogo sobre el suicidio, su prevención y las consecuencias para quienes sobreviven. De igual manera, los docentes debemos capacitarnos para reconocer a las poblaciones de riesgo y para fomentar ese diálogo cuando se presente en nuestras aulas o espacios extraacadémicos. Después de todo, siguiendo las palabras de Albert Camus en El mito de Sísifo: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio”.




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