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Año del diálogo y la reconciliación nacional
MARTES 19

de junio de 2018

PERFILES

Alfonso Grados Bertorini

En la tertulia que animamos los fines de semana un grupo de veteranos periodistas, uno de los asistentes recordó a este otrora ministro de Trabajo a propósito del paro magisterial anunciado por un sector de maestros, pequeño pero punzante, que el año pasado forzó una huelga que hizo perder dos meses de clases a 5 millones de escolares, en una coyuntura en la que el aumento salarial a los maestros ya estaba programado.

10/6/2018


Domingo Tamariz Lúcar Periodista

Domingo Tamariz

Periodista

En 1981, Alfonso Grados Bertorini fue el ministro que impuso la creación de la Comisión Tripartita, que representaba a trabajadores, empresarios y gobernantes. Este hecho, unido a su discurso constante de concertación, llevó a AGB a gozar de una popularidad jamás alcanzada por un ministro de Trabajo en el país. Precedente que me da pie para hablar de este personaje que, además de ministro, fue político, abogado, funcionario internacional, diplomático, congresista y, sobre todo, periodista. Alfonso fue, sin vuelta que darle, un peruano fuera de serie.

Alfonso Toribio Grados Bertorini nació en Pisco el 27 de abril de 1925. Hizo su primaria en su pueblo natal y la secundaria en el Colegio Nuestra Señora de Guadalupe. Ingresó en la Universidad de San Marcos para seguir Letras y Derecho y, paralelamente, cristalizó su sueño de niño: ser periodista.

Se inició en el oficio en 1949 en la revista Equipo, junto con Raúl Villarán. Por esos años también escribió en las revistas Ya y Etcétera –que dirigía Alfonso Tealdo– y el vespertino Última Hora.

Vivíamos la coyuntura en la que Pedro Beltrán, propietario de La Prensa, acariciaba la idea de innovar su periódico, empeño para el que enroló a los jóvenes más destacados de San Marcos, entre ellos, claro, a Grados Bertorini.

Conocí a Alfonso en los días que, bajo su batuta, La Prensa cambió de ropaje para ingresar en la modernidad. Era uno de los príncipes del periodismo y, sin embargo, no había perdido su sencillez. Yo entonces estaba atrincherado en la sección Policiales, pero eso no fue óbice para que me brindara su amistad, espontánea y fraterna, al punto que, como a otros periodistas bisoños como yo, nos invitó a tutearlo.

Tendría tanto que contar de esos brumosos años en los que Alfonso, con el pelo alborotado, la voz ronca y la camisa remangada, se desplazaba por todos los departamentos del diario para dar instrucciones o intercambiar ideas con el fin de que el periódico saliera sin desafinar en ninguna de sus secciones; y, luego del cierre de edición, encaminarse a la vieja casona de la calle Afligidos, entonces sede de la Federación de Periodistas, institución de la que fue uno de sus fundadores (1950) y, cinco años después, su presidente.

En La Prensa redactaba de todo. Se lucía especialmente cuando escribía de fútbol y toros, temas en los que se solazaba elegantemente en el marco de unas columnas que firmaba con el seudónimo de Toribio Gol y Toribio Sol, y que el lector degustaba como la copa de un fragante vino.

Creo que fue en 1961 cuando, muy a su pesar, se alejó del diario de Baquíjano para asumir un cargo importante en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Siete años después, Fernando Belaunde lo llamó para que asumiera la cartera de Trabajo a partir del 2 de octubre, pero al día siguiente se produjo el golpe de estado liderado por el general Velasco, y Grados Bertorini no pudo ejercer el cargo.

Doce años después, empero, con la vuelta de Belaunde a Palacio de Gobierno, fue nombrado nuevamente ministro de Trabajo. Por esos años eran habituales los paros ordenados por los entonces poderosos gremios sindicales: CGTP (Central General de Trabajadores del Perú) y la CTP (Confederación de Trabajadores del Perú, de filiación aprista).

AGB creó la Comisión Tripartita con el propósito de hacer más viable la solución de los diferendos entre los trabajadores y empresarios. Esta fórmula, unida a su insistencia en “concertar”, le valió para que se lo asociara siempre con esa palabra, al punto que sus imitadores de los programas humorísticos aparecían siempre pronunciándola.

En 1983 postuló a la alcaldía de Lima, sin éxito; en 1986 fue nombrado embajador en la ciudad de Buenos Aires; en 1995 resultó elegido congresista por el partido UPP, de Javier Pérez de Cuéllar.

En sus últimos años intentó hacer gestiones para la reconstrucción de Pisco, su ciudad natal, que sufrió un devastador terremoto en agosto de 2007.

La muerte le tendió su manto negro cuando estaba próximo a escribir sus memorias. Alfonso Grados Bertorini partió a la eternidad el 4 de octubre del 2010. Contaba con 85 años de edad.