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Año de la Universalización de la Salud
VIERNES 3

de julio de 2020

TRADICIONES

‘Onqoy mit’a’ (en tiempos de enfermedad)

29/6/2020


Luis Luján Cárdenas

Sociólogo y periodista

Desde el siglo XIII, millones de habitantes del Imperio inca presenciaban con expectativa el intihuatana, el reloj solar de piedra que ataba al sol y regía todas las celebraciones y fechas importantes en el Tahuantinsuyo, y cuyos rayos dorados entre el 20 y 23 de junio marcaban el solsticio de invierno (días en que está más distante de la Tierra), e inauguraba un nuevo año según la cosmovisión andina.

En el templo del Sol, el Koricancha, ubicado en el Cusco, el sapa inca, su coya y nobleza contemplaban el ritual del sumo sacerdote, que iniciaba las celebraciones del Inti Raymi convocando vastas celebraciones en todo el territorio, rindiendo homenaje y agradeciendo al hijo del dios supremo Viracocha, por otorgar luz, agua y vida creando la tierra (Pachamama), apaciguando los fenómenos naturales, floreciendo los campos, multiplicando los animales, haciendo sanos y felices a niños, jóvenes, adultos y ancianos, y engrandeciendo el imperio.

El Chinchaysuyo, Antisuyo, Collasuyo y Contisuyo se sumaban al unísono en la mayor fiesta y alegría del año, con centenares de miles de habitantes congregándose en los alrededores del Templo del Sol, y efectuando la ceremonia del pago a la tierra y el sol, por el bien de las cosechas y un mejor futuro. Se ofrendaba al dios Inti llamas, guanacos y otros auquénidos, objetos de oro y plata, bellas vasijas de barro, coca, alimentos, y se realizaban cánticos, coloridas danzas y se tomaba chicha de maíz. Solo en Cusco se reunían hasta 50,000 personas.

Pero, en las sombras, este ritual inca ?como otros muchos? continuó. En 1944, el escritor, poeta y actor cusqueño Faustino Espinoza Navarro (1905-2000), con base en Comentarios reales del los incas, del escritor peruano Gómez Suárez de Figueroa (1539-1616), apodado Inca Garcilaso de la Vega, realizó un acto teatral público del Inti Raymi –él interpretando el papel del sapa inca– y un grupo de actores, que congregó a centenares de personas en el Cusco.

Fue tanto el éxito de la obra que a partir de esa fecha se institucionalizó todos los 24 de junio.

Hoy, debido a la pandemia del covid-19, esta famosa fiesta del Inti Raymi, debido a la inmovilización social, se ha escenificado sin público con un grupo de actores cusqueños, pero no solo para celebrar y agradecer las bondades que ofrece la tierra y la llegada de un nuevo año, sino también para pedirle clemencia y ayuda al dios Sol, para que detenga los miles de muertes que se están registrando en el Perú y en el planeta a causa de esta enfermedad.

El inca, en un ritual denominado ‘Onqoy Mit’a’ (‘en tiempos de enfermedad’, en quechua), –trasmitido por internet y redes sociales–, alzando los brazos hacia el cielo invocó al supremo astro que sane a la Pachamama, dando fin al coronavirus en toda la faz de la Tierra; que otorgue vida, salud y bienestar.

La tradición inca continua y todo será cuestión de fe.

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